Fátima Silva tiene 59 años y cumplirá 60 en noviembre. No obstante, el regalo de cumpleaños le llegó antes. La paratleta es medallista de oro con el equipo estatal de baloncesto en silla de ruedas, que ganó el Campeonato Brasileño Femenino en esta modalidad en septiembre. La victoria le dio a Fátima otra medalla en los torneos nacionales, que suman nueve hasta ahora.
El 11 de octubre, cuando se celebra el Día de la Lucha por los Discapacitados Físicos, Fátima dice que encontró en la fe y el deporte la motivación para comenzar una nueva vida después de que le tuvieran que amputar una de las piernas.
Fátima conoció a la Iglesia Adventista de joven. Vivía enfrente de una iglesia ubicada en Baixo Guandu, Espírito Santo. Después de estudiar la Biblia con los miembros de la iglesia en el pequeño distrito de Ibituba, decidió bautizarse. Sin embargo, esto distaba mucho del cambio más grande que enfrentaría a lo largo de su vida. Fue a la edad de 45 años que su historia cambió trágicamente.
"Debido al reemplazo hormonal, empecé a tener problemas. Pero los médicos se enteraron demasiado tarde", recuerda Fátima.
Cambio de planes
Fátima viajaba a Recife, donde solía visitar a una tía y a un primo que vivían en la ciudad. En esta ocasión, un coágulo de sangre en su pantorrilla hizo necesario que la internaran. "Me quedé allí durante seis meses", dice.
Lejos de su casa y de sus hijos, Fátima vivió un drama que le costó muy caro. Tras meses de hospitalización y algunos diagnósticos de trombosis posteriores, sucedió lo inevitable.
"No me ayudaron como es debido. Cuando fueron a hacer una cirugía reparadora, ya no había más tiempo", lamenta.
Vuelta a la rutina
De vuelta a casa, Fátima, que en ese momento estaba cuidando a sus hijos sola, necesitaba adaptarse a la nueva realidad. Ella revela que fue un proceso largo. Incluso se deprimió ante el nuevo panorama.
"Todo el tiempo te encuentras con una barrera, y necesitas respirar hondo y ver cómo la vas a superar", lamenta.
Fátima comenzó a darse cuenta de que la vida cotidiana en las calles, en casa, en las aceras, en las tiendas y en los espacios públicos no estaba diseñada para que fuera funcional para una persona con discapacidades físicas.
Deportes y fe
Durante todo el proceso que comenzó con las complicaciones y duró hasta la recuperación efectiva, Fátima revela que la fe fue fundamental. Los dolores eran intensos, y también las oraciones. Y en los momentos más desafiantes, como cuando se sometió a cuatro cirugías en una semana, las oraciones de los hermanos de iglesia fortalecieron su esperanza de que saldría sana y salva. Nunca se sometió a ninguna cirugía sin una cadena de oración por parte de ella y de la de sus seres queridos.
Además de sus oraciones, Fátima también comenzó a coser para complementar sus ingresos y ayudar a pasar el tiempo. En ese momento pudo jubilarse, y dos años después de recibir el alta médica, sufrió otro cambio profundo que, al igual que el primero, nunca imaginó que sucedería.
"Era consciente de que necesitaba restaurar mi salud. Y durante las sesiones de fisioterapia, descubrí el baloncesto. Empecé a entrenar y nunca paré", señala Fátima.
Esta es una historia de amor por el deporte y superación que ahora tiene 15 años. Para lograr los resultados, la paratleta, que ocupa la posición de pivote en el equipo, tiene que entrenar semanalmente.
El torneo más reciente fue el Campeonato Brasileño de Baloncesto en Silla de Ruedas Femenino 2022. Tuvo lugar en el Centro de Entrenamiento Paralímpico de San Pablo, del 12 al 16 de septiembre. Participaron siete equipos de todo Brasil: dos equipos de Pará, uno de Minas Gerais, otro de Río de Janeiro, un equipo del Distrito Federal y el equipo de Espírito Santo, del que Fátima es miembro.
También en mayo de este año, Fátima y el equipo estatal de Espírito Santo ganaron la medalla de plata en la Supercopa de Río de Janeiro, que reúne a los cuatro mejores equipos del Campeonato de Brasil.
La falta de una mirada más sensible a los deportes adaptados es una realidad, dice Fátima. Sin embargo, el escaso reconocimiento no le impide jugar como una atleta gigante, no solo por las medallas que ha ganado en los campeonatos de baloncesto, sino porque sabe que ha ganado en el juego de la vida.
El artículo original se publicó en el sitio web de la División Sudamericana.









