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Los adventistas abogan por que se preste mayor atención al costo humano de la discriminación religiosa

Nigel Coke, exdirector de Asuntos Públicos y Libertad Religiosa de la Unión Jamaiquina, intervino en el Simposio Internacional sobre Derecho y Libertad Religiosa para defender la libertad de religión y de creencias.

Estados Unidos

Unión Jamaiquina y División Interamericana
Nigel Coke, exdirector de asuntos públicos y libertad religiosa de la Unión Jamaiquina, insta a los investigadores a analizar el costo humano de la discriminación religiosa durante el 33º Simposio Anual sobre Derecho Internacional y Libertad Religiosa, celebrado en la Universidad Brigham Young, en Provo, Utah.

Nigel Coke, exdirector de asuntos públicos y libertad religiosa de la Unión Jamaiquina, insta a los investigadores a analizar el costo humano de la discriminación religiosa durante el 33º Simposio Anual sobre Derecho Internacional y Libertad Religiosa, celebrado en la Universidad Brigham Young, en Provo, Utah.

La discriminación religiosa puede privar a las personas de sus medios de subsistencia, amenazar la estabilidad familiar y afectar la salud mental; sin embargo, su impacto en los hogares a menudo no se mide, señaló Nigel Coke, defensor de la libertad religiosa de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, ante investigadores internacionales y líderes religiosos reunidos en la Universidad Brigham Young (BYU) en Provo, Utah, a principios de este mes.

Coke, exdirector de Asuntos Públicos y Libertad Religiosa de la Unión Jamaiquina, lanzó un desafío a los investigadores para que vayan más allá de las estadísticas nacionales sobre persecución religiosa y examinen sus consecuencias personales.

«Pero hoy lanzo un desafío a los investigadores de la BYU para que examinen el impacto financiero y en la salud mental que esto tiene en cada familia», dijo Coke.

Habló durante el 33º Simposio Anual sobre Derecho Internacional y Libertad Religiosa, celebrado del 4 al 6 de octubre bajo el tema «Construyendo una infraestructura para la libertad de religión o de creencias». El evento reunió a más de 200 participantes de más de 50 países, entre ellos académicos, expertos jurídicos, líderes religiosos, funcionarios gubernamentales y defensores de la libertad religiosa.

Coke, el único jamaicano y adventista del séptimo día entre los participantes, señaló que la discriminación religiosa puede afectar a cualquier persona, independientemente de su afiliación u origen religioso.

Destacó las posibles consecuencias para las familias cuando el sostén del hogar pierde su empleo debido a sus creencias religiosas, entre ellas la inestabilidad financiera, la pérdida de la vivienda y una grave angustia emocional.

Su presentación, titulada «La arquitectura del pluralismo: neutralidad jurídica y alfabetización de base: Por qué la separación entre Iglesia y Estado es necesaria, pero no suficiente, para el respeto interreligioso», exploró cómo los gobiernos y las comunidades religiosas pueden trabajar en pro de una mayor libertad religiosa.

Dos pilares de la libertad religiosa

Basándose en la declaración de Martin Luther King Jr. de que «la injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes», Coke argumentó que el pluralismo religioso depende de dos fundamentos esenciales: la neutralidad jurídica y la educación religiosa que promueva el respeto mutuo.

Comparó ambos principios con los pilares que sostienen un edificio, y advirtió que ninguno de ellos es sustentable por sí solo.

Nigel Coke (a la izquierda) conversa con el embajador Iván Emilio de Jesús Organda Lora, representante permanente de la República Dominicana ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra (segundo por la derecha), durante la Asociación General de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días el 4 de octubre.
Foto: Cortesía de Nigel Coke

«El primer pilar es la neutralidad jurídica, que a menudo se entiende como la separación entre la Iglesia y el Estado. Cuando el Estado actúa como guardián de una religión, incluso en el ámbito cultural, el pluralismo se vuelve difícil y predomina la desigualdad», afirmó.

Coke hizo hincapié en que separar la Iglesia del Estado no significa oponerse a la religión, sino garantizar la misma protección para todas las confesiones.

«El Estado no puede ser a la vez jugador y árbitro», señaló. «La separación no implica hostilidad hacia la religión. Significa que el Estado crea un espacio neutral donde ninguna religión necesita el permiso de otra para existir».

Sin esas protecciones, advirtió, las expresiones públicas de cooperación interreligiosa corren el riesgo de volverse simbólicas en lugar de significativas.

«Nos damos la mano en el escenario, mientras que la ley, fuera del escenario, ya ha elegido a un ganador», señaló Coke.

Coke identificó la educación religiosa como el segundo pilar, e instó a los líderes religiosos a enseñar a sus miembros a respetar a las personas cuyas creencias difieren de las suyas.

Si bien el diálogo interreligioso sigue siendo valioso, señaló que se debe prestar mayor atención a lo que las comunidades religiosas enseñan internamente acerca de quienes están fuera de sus tradiciones.

“Intrareligioso significa: permítanme enseñar a mis miembros lo que nuestra propia religión dice sobre cómo debemos tratarlos cuando creemos que están equivocados”, explicó.

De izquierda a derecha: Luis Roig Casillas, asesor de Asuntos Públicos del Senado de Puerto Rico; Iván Emilio de Jesús Ogando Lora, embajador de la República Dominicana ante las Naciones Unidas en Ginebra; y Nigel Coke, exdirector de Asuntos Públicos y Libertad Religiosa de la Unión Jamaiquina.
Foto: Wagner Paniagua

Coke señaló que cristianos, adventistas, musulmanes, hindúes y rastafaris pueden vivir en los mismos vecindarios, pero sus actitudes mutuas suelen estar moldeadas por lo que escuchan en sus lugares de culto.

«El problema no es que no sepan que los demás existen; es lo que se les enseñó en su día de culto acerca de esa existencia», afirmó.

Advirtió contra las enseñanzas religiosas que fomentan el desprecio hacia otras creencias, instando a los creyentes a distinguir entre el desacuerdo y la falta de respeto, a defender los principios bíblicos de respeto hacia los demás y a evitar tergiversar las diferentes tradiciones religiosas.

Basándose en las creencias adventistas del séptimo día, Coke reafirmó el compromiso de la Iglesia con la libertad religiosa para todos, haciendo hincapié en que la adoración genuina debe elegirse libremente y no imponerse.

Una responsabilidad compartida

Coke concluyó instando a los legisladores a defender protecciones imparciales para las creencias religiosas, al tiempo que lanzó un desafío a los pastores, imanes, rabinos, sacerdotes y maestros a promover el respeto dentro de sus congregaciones y comunidades.

Sostuvo que los gobiernos deben proteger la libertad de todas las comunidades religiosas sin favorecer a ninguna tradición en particular, mientras que los líderes religiosos deben mantenerse fieles a sus convicciones sin fomentar la hostilidad hacia los demás.

Hizo hincapié en la necesidad tanto de salvaguardias legales como de educación para garantizar que la libertad religiosa se extienda más allá de las garantías constitucionales y se refleje en las relaciones cotidianas entre personas de diferentes creencias.

El artículo original se publicó en el sitio de noticias de la División Interamericana.

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