Mientras los delegados del 62º Congreso de la Asociación General se reúnen para debatir el futuro de la iglesia durante los próximos cinco años, algo poderoso está sucediendo al otro lado del salón. Youth Lab [Laboratorio Joven] es un espacio donde los jóvenes no solo escuchan, sino que participan en la misión.
Por las tardes, salen a las calles de St. Louis para servir a la comunidad. Por las noches, se reúnen para adorar, participar en paneles de discusión y tener la oportunidad de hablar directamente con los líderes de la iglesia mundial.
Es un espacio donde los jóvenes pueden compartir, hacer preguntas y sentirse incluidos en la labor de la iglesia.
¿Cuál es la visión detrás de Youth Lab?
Según Busi Khumalo, director de jóvenes de la AG, la visión detrás de Youth Lab es involucrar directamente a los jóvenes en la misión de la iglesia porm edio del servicio comunitario y la conversación significativa.
Pero es más que solo acción, explicó. Youth Lab es también un lugar para escuchar a los jóvenes, aprender de ellos y ayudarlos a comprender lo que la Iglesia Adventista cree y espera de ellos.
«Si no saben quiénes son, ¿cómo van a decir: “Yo iré”? Primero, tenemos que ayudarles a aceptar la identidad y la misión de la iglesia».
¿Qué diferencia a Youth Lab?
Los organizadores afirman que no se trata de un programa más de la iglesia. Youth Lab ofrece a los jóvenes la oportunidad de vivir la misión, no solo de oír hablar de ella.
Khumalo compartió que, en la mayoría de las iglesias locales, los jóvenes realizan actividades con personas de su ciudad o barrio. Sin embargo, aquí trabajan con personas de diferentes partes del mundo, comparten ideas, conectan y aprenden unos de otros.
Historias desde el terreno
Algunos de los momentos más impactantes del Laboratorio Juvenil están teniendo lugar fuera del edificio, en las aceras de St. Louis.
Leon y Keisha, ambos de la Unión de Jamaica, formaban parte de un grupo asignado a un proyecto de limpieza de calles. Mientras trabajaban, Leon se fijó en un hombre sentado en silencio cerca de una valla. El hombre les preguntó si estaban recogiendo basura. Leon respondió que sí y cogió con gusto la bolsa que le entregó el hombre.
Luego Leon le preguntó:
–¿Hay algo más que podamos hacer por usted?
El hombre respondió:
–¿Tienen una botella de agua?
Leon recordó que tenía una en su mochila.
«Cuando se la di, nunca había visto a alguien tan agradecido solo por un poco de agua», dijo Leon. «Me hizo darme cuenta de que había dado por sentado algo tan simple».
Mientras seguían hablando, el hombre se abrió. Había perdido a su madre, había pasado por traumas y había cometido errores que lo llevaron a vivir en las calles. Lo que más necesitaba no era solo ayuda, sino alguien que lo escuchara y le ofreciera un poco de esperanza.
Antes de irse, Leon y Keisha le preguntaron si podían orar con él. Ofrecieron una breve oración, junto con palabras de esperanza y aliento.
«Se sintió bien no solo sentarse en una reunión todo el día, sino hacer algo», dijo Leon.
Keisha también reflexionó en la experiencia. Al venir de otro país, no estaba segura de cómo respondería alguien a un desconocido que le ofrecía oración.
«Me sentí muy realizada al acercarme a alguien, al darle consuelo», dijo Keisha. «Nunca sabes por lo que está pasando alguien hasta que das el primer paso y hablas con él».
Estas son solo algunas de las muchas pequeñas interacciones que cambian la vida y que tienen lugar a través del Laboratorio Juvenil. Los simples actos de bondad (escuchar, servir, orar) están dejando un profundo impacto no solo en las personas que reciben ayuda, sino también en los jóvenes que la prestan.
Keisha cree que estas experiencias están acercando a los jóvenes a Dios.
«Vivimos en una época en la que algunos jóvenes no se sienten cómodos compartiendo el evangelio», dijo. «Pero cuando ven lo que está sucediendo en la vida real, en su comunidad, cuando lo experimentan, les ayuda a comprender que esto es exactamente lo que haría Jesús si estuviera aquí hoy».
Una generación lista para actuar
Estas historias dejan una cosa clara: los jóvenes no están esperando a que los llamen. Ya están respondiendo. Con las herramientas, la orientación y la confianza adecuadas, los jóvenes de hoy no son los líderes del mañana, sino que ya están liderando el presente.
Lo que necesitan no es permiso, sino oportunidades. Cuando la iglesia cree en sus jóvenes y les da espacio para moverse, estos se levantan con propósito, valentía y un corazón impulsado por una misión.
Youth Lab es la prueba viviente de que cuando se empodera a los jóvenes, no solo participan, sino que impulsan el cambio.
Pero este momento no debe quedarse en St. Louis. La oración ahora es que cada joven lleve este fuego a sus hogares, iglesias, escuelas y comunidades para seguir difundiendo el evangelio con valentía y amor.
Porque esta generación, la generación digital, está en una posición única para terminar la obra. No son solo el futuro de la iglesia. Son el movimiento que Dios está utilizando ahora para proclamar que Jesús viene pronto.
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