El 24 de junio de 2026, Venezuela se vio sacudida por un doble sismo que dejó víctimas, destrucción y graves daños en varias regiones del país. Aunque los sismos tuvieron su epicentro en el oeste de Venezuela, los mayores daños se registraron en La Guaira y Caracas, en la zona costera del norte del país. Los estados de Carabobo y Falcón también reportaron daños significativos.
Dada la magnitud de la emergencia, la Unión Venezolana Occidental formó dos comités de gestión de crisis con el propósito de coordinar las acciones en todo su territorio, activar los protocolos de ayuda humanitaria y apoyar los esfuerzos de la Iglesia Adventista en la región oriental del país, en estrecha coordinación con la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA) Venezuela, informaron los líderes regionales de la iglesia.
Como parte de esta respuesta, los líderes apoyaron la apertura de centros de recolección en iglesias, sedes administrativas, instituciones educativas y centros de salud en toda la región occidental. Asimismo, el Hospital Adventista de Venezuela, en Barquisimeto, fue designado como el principal centro de recolección para almacenar y distribuir las donaciones, informaron.
Una iglesia movilizada por la solidaridad
Orlando Ramírez, presidente de la Unión Venezolana Occidental, dijo sentirse sumamente satisfecho con la respuesta recibida.
«Ha sido asombroso cómo los miembros de la iglesia en el oeste de Venezuela han respondido de manera extraordinaria en medio de sus grandes desafíos y limitaciones económicas», afirmó. «Fue sorprendente que, dos días después del terremoto, ya tuviéramos nuestro centro principal de recolección completamente lleno y pudiéramos enviar el primer camión a Caracas con donaciones procedentes únicamente de cuatro de los catorce distritos del territorio en la ciudad de Barquisimeto».
Las muestras de compromiso se multiplicaron en cada región. Entre ellas se encuentra la experiencia del pastor Luis Conteras, del distrito Táchira 5, ubicado en la frontera con Colombia. Allí, las iglesias locales dieron un paso que marcó la diferencia: «Queríamos que cada hermano afectado recibiera no solo ayuda, sino una señal tangible del amor de Dios. Por lo tanto, establecimos un criterio estricto: todos los suministros enviados debían ser nuevos y de la más alta calidad».
Gracias a esta iniciativa, lograron recolectar 150 bolsas de alimentos y 120 kits para bebés que incluían leche en polvo, cereales, biberones, pañales, toallitas húmedas, ropa y zapatos nuevos, materiales educativos, cuadernos, lápices de colores y juguetes.
A pesar de los desafíos logísticos, las donaciones se enviaron desde Ureña, Táchira, a más de 330 millas de distancia, hasta el centro principal de recolección de la unión en Barquisimeto.
En el estado de Trujillo, Mariela Caldera, miembro de la Iglesia La Floresta en el Distrito 3 de Valera, se convirtió en una entusiasta defensora de la campaña. «Aunque mi iglesia participó activamente en la recolección, sentí en mi corazón que tenía que hacer algo más», dijo Caldera. Ella compartió imágenes de la campaña en las redes sociales y, con la ayuda de su pastor, facilitó donaciones desde el extranjero.
Ayuda humanitaria en todo el país
El Hospital Adventista de Venezuela desempeñó un papel esencial como centro de operaciones para la recepción, clasificación y envío de la ayuda humanitaria. Se convirtió en un punto estratégico para canalizar la asistencia, informaron los líderes.
«Cada detalle del trabajo en este centro de recolección es un acto de empatía colectiva», afirmó la Dra. Eglee Alastre, directora médica de la institución.
Se enviaron cinco camiones cargados con alimentos, ropa, agua potable, artículos de higiene personal, pañales para bebés, medicamentos y otros suministros al centro de recolección de la Iglesia Adventista de El Paraíso, en Caracas.
Aunque la mayor parte de la ayuda estaba destinada a las zonas más afectadas de la región central del país, también se enviaron remesas al estado de Carabobo, incluyendo bolsas de alimentos para todas las familias adventistas de las dos iglesias adventistas en la parte norte de ese estado y para unas 500 familias de las comunidades aledañas.
Presencia y servicio en el terreno
Diez días después de los terremotos, un equipo de la Unión Venezolana Occidental se trasladó a Caracas y La Guaira para brindar apoyo directo en las zonas más afectadas y ponerse a disposición de ADRA Venezuela.
«Ha sido verdaderamente conmovedor observar de cerca la tristeza, la ansiedad, el dolor y el sufrimiento en los rostros de las personas en el epicentro de Catia La Mar, Macuto y Caraballeda», afirmó Ramírez.
Sin embargo, Ramírez también destacó los múltiples actos de fe y servicio que observó durante la visita. «Fuimos testigos de muchos milagros y vimos cómo los jóvenes adventistas del séptimo día y los grupos adventistas se han entregado en cuerpo y alma para ayudar, orar, entregar donaciones e involucrarse de manera activa y directa en las operaciones de rescate».
Durante su estancia en la zona afectada, el equipo de la UVO colaboró en la organización logística de la ayuda en el centro de recolección de Caracas y participó en la distribución de aproximadamente mil kits de higiene entregados por ADRA Venezuela en dos comunidades de La Guaira. También tuvieron la oportunidad de escuchar algunas experiencias de personas afectadas por los sismos.
Johan Mendoza, miembro del equipo de la unión, compartió el testimonio del señor José, quien vivió momentos de angustia cuando el sismo sorprendió a su familia en su hogar. «Debido a una enfermedad que le dificulta moverse, José no pudo evacuar mientras las paredes se derrumbaban a su alrededor. José clamó entonces a Dios pidiendo ayuda y, segundos después, su nieto de 10 años regresó para rescatarlo, logrando llevarlo a un lugar seguro», compartió Mendoza.
Hoy, aunque José perdió todas sus pertenencias y vive con su familia en un refugio temporal en La Guaira, afirma que su corazón está lleno de gratitud, seguro de que Dios le dio una nueva oportunidad en la vida y un propósito renovado.
Wendy Antequera, miembro del equipo de la Unión, recordó lo que hizo una doctora de Brisas de Maiquetía. «A pesar de haber perdido su hogar, ella continuó ayudando a otras personas afectadas por el desastre», informó Antequera. «Algo que no olvidaré son las sonrisas de aquellas personas en Catia La Mar mientras les prestábamos servicio. A pesar de haberlo perdido todo, seguían sonriendo ampliamente y nos agradecían la ayuda que les brindábamos.
A medida que avanzan los esfuerzos de recuperación, la Unión Venezolana Occidental mantiene su compromiso de apoyar a los afectados, afirmó Ramírez. «Mientras persistan las necesidades, miles de miembros adventistas, voluntarios e instituciones están uniendo sus oraciones, recursos y esfuerzos para llevar esperanza a quienes más la necesitan».
El artículo original se publicó en el sitio de noticias de la División Interamericana.












