Para asistir a sus clases de posgrado, Iván Moya viaja casi 17 horas desde el este de Cuba. Yamil Oses, un pastor de la provincia de Villa Clara, Cuba, viaja habitualmente cuatro horas y media hasta La Habana, pero las dificultades de transporte de este año convirtieron el trayecto en un viaje en tren de nueve horas.
Su experiencia refleja el compromiso que hay detrás de la Maestría en Consejería Familiar que ofrece en Cuba la Universidad de Montemorelos (UM) en colaboración con el Seminario Teológico Adventista de Cuba (SETAC). Aunque el programa fue diseñado principalmente para pastores, también se aceptan profesionales de la educación y la psicología. La segunda cohorte está a punto de concluir.
Nueve estudiantes que comenzaron el programa en 2023 están completando este verano sus últimos cursos presenciales. Posteriormente, deberán redactar un artículo científico y presentarlo a una revista indexada como parte de los requisitos para obtener el título. Se espera que la graduación tenga lugar en mayo de 2027.
«Pocas personas acuden a nosotros con preguntas doctrinales o teológicas; la mayoría busca ayuda con problemas entre padres e hijos, matrimonios y otras situaciones familiares», señaló Moya. Esas realidades del ministerio pastoral, agregó, lo motivaron a continuar su capacitación a pesar de los desafíos financieros y de transporte.
Capacitación en medio de desafíos tecnológicos
Cada verano, los profesores de la UM viajan a Cuba para impartir entre cuatro y seis semanas de instrucción intensiva, rotando por cursos que generalmente duran de una a una semana y media.
El Dr. Lucio Olmedo, coordinador de estudios de posgrado de la Facultad de Psicología de la UM, señaló que el modelo presencial es en gran medida necesario debido a las limitaciones en la conectividad a Internet y el suministro eléctrico. Aunque el seminario cuenta con paneles solares y una antena de Internet, la infraestructura es suficiente principalmente para la inscripción, la entrega de tareas y otras tareas académicas básicas, pero no para clases sustentables por videoconferencia.
El plan de estudios incluye fundamentos psicológicos de las emergencias, atención en situaciones de crisis, sexualidad a lo largo del ciclo de vida, violencia doméstica, intervención en crisis e investigación.
Para el Sr. Oses, la capacitación ya ha cambiado su forma de abordar el ministerio pastoral.

«El programa me ha permitido replantearme mi propia visión del mundo y, al mismo tiempo, ayudar a transformar la perspectiva de muchas de las congregaciones a las que sirvo como pastor», afirmó Oses.
Agregó que el curso sobre violencia doméstica le mostró la importancia de abordar el tema de manera más intencional con las iglesias y las familias. La capacitación en intervención en crisis también le ha ayudado a acompañar a las personas en situaciones difíciles con mayor sensibilidad y un enfoque más estratégico.
Adaptación de la capacitación a Cuba
Impartir clases en Cuba también ha supuesto un desafío para los profesores de la UM a la hora de adaptar los ejemplos y métodos de clase a las realidades que los estudiantes enfrentan en sus comunidades.
«El esfuerzo por transmitir los conceptos de cada curso, respetando al mismo tiempo la cultura del lugar donde impartimos clases, es sumamente valioso», señaló el Dr. Marcelo Moroni, director de la Facultad de Psicología de la UM.
Para los profesionales de la salud mental, agregó Moroni, reconocer cómo las circunstancias familiares y los desafíos de salud mental difieren de una región a otra enriquece su práctica profesional.
El objetivo, señaló, va más allá de obtener un título.
«Ayudar a preparar profesionales que respondan a las necesidades de la iglesia y la comunidad es una parte fundamental de nuestro compromiso misionero», afirmó Moroni.
Apoyo más allá de lo académico
Durante sus visitas a Cuba, los profesores de la UM llevan ropa, medicamentos, artículos de higiene personal y, cuando es posible, alimentos no perecederos para ayudar a los estudiantes, las familias y otras personas vinculadas a la comunidad del seminario.

«La solidaridad de los profesores también ha sido evidente durante las difíciles circunstancias que atraviesa nuestro país», señaló Oses. «Ese gesto demuestra su compromiso con nosotros no solo como estudiantes, sino también como personas».
Moya afirmó que las condiciones económicas del país le habrían dificultado el acceso a un programa de posgrado similar sin el apoyo de la universidad.
«Valoramos el compromiso de la universidad con nuestro grupo y su interés en apoyar nuestra educación», afirmó.
Perspectivas futuras
La alianza entre la UM y la SETAC ha dado lugar a dos cohortes. La primera comenzó antes de la pandemia de COVID-19 y, tras las interrupciones causadas por la emergencia sanitaria, concluyó en 2023 con tres graduados.
La segunda comenzó con aproximadamente 17 estudiantes y ahora cuenta con nueve que están completando el programa. La emigración ha sido uno de los factores que han afectado la retención de estudiantes.
Mientras los líderes de la UM, la SETAC y la Iglesia Adventista en Cuba consideran la posibilidad de abrir una tercera cohorte, los estudiantes actuales se concentran en completar los requisitos que les faltan.
Para Moya, los años de estudio y los largos viajes, en última instancia, se traducen en servicio.
«Esperamos que todo este esfuerzo dé sus frutos», dijo, «y, sobre todo, que podamos servir a Dios dondequiera que él nos llame».
El artículo original se publicó en el sitio de noticias de la Universidad de Montemorelos.





