Una poderosa explosión frente a la sede del Comité Internacional de la Cruz Roja 27 octubre apagó la mayoría de las ventanas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Bagdad, situado a sólo 200 metros (660 pies) de distancia.
Una poderosa explosión en las inmediaciones de la sede central del Comité Internacional de la Cruz Roja el pasado 27 de octubre hizo estallar la mayor parte de las ventanas de la Iglesia Adventista de Baghdad, situada a tan sólo 200 metros del lugar del hecho.
“Nuestro personal ya estaba en sus puestos cuando la bomba explotó a eso de las 8:30 del lunes”, informó Basim Fargo, secretario-tesorero de la Iglesia Adventista de Irak. Al hablar por teléfono celular unas horas después de la explosión, Fargo dijo que las persianas de las ventanas protegieron al personal de heridas graves como resultado del estallido de los vidrios.
Las puertas y ventanas que daban hacia el edificio de la Cruz Roja y la entrada principal de la iglesia fueron las partes más afectada. Algunos marcos internos también fueron arrancados de las paredes como resultado de la explosión. Asimismo, todo el piso de la nave se llenó de vidrios rotos.
De acuerdo con Fargo, las decoraciones de vidrio de las ventanas, características del salón de cultos, recibieron gran parte del daño y serán cubiertas con madera para lograr cerrar el edificio. Para la construcción de este templo, que muchos consideran la iglesia adventista más bella de Medio Oriente, en 1962 se había exportado plomo de Inglaterra que se usó para los marcos de las ventanas.
“Hasta ahora, nuestro templo no había sido afectado ni por la guerra entre Irán e Irak ni por las dos guerras del Golfo”, se lamentó Fargo.
Michael Porter, presidente de la Iglesia Adventista en Medio Oriente, que estuvo en comunicación con los feligreses el 27 de octubre, dijo: “Pude percibir la preocupación y al mismo tiempo el agradecimiento en la voz del hermano Fargo al transmitir la estupefacción de las siete personas que trabajaban a esa hora en el edificio. Nos unimos a la comunidad iraquí en el duelo por la innecesaria pérdida de vidas en el edificio de la Cruz Roja”.
El ataque no fue el primer obstáculo que los creyentes de Irak debieron enfrentar mientras la nación lucha por la reconstrucción luego de más de una década de guerra y sanciones. Para muchos miembros, el simple hecho de asistir a la iglesia cada sábado es una verdadera odisea. Los miembros están sujetos a los puntos de control de seguridad, la revisación de personas y equipajes, y el cierre de rutas, por lo que el trayecto se ha incrementado en dos horas o más.
Recientemente, dos feligreses quedaron atrapados entre el fuego cruzado mientras viajaban a la iglesia. Los dos abandonaron el vehículo en que viajaban para salvarse y lograron salir por la ventanilla trasera luego de que las balas destrozaron el parabrisas delantero.
Las finanzas bien pueden convertirse en un desafío si los feligreses buscan restaurar el templo, ya que las sanciones impidieron que el edificio estuviera asegurado.
“Los miembros seguramente necesitarán ayuda del exterior para reparar los daños que produjo la explosión”, dijo Porter.
Según fuentes eclesiásticas de Baghdad, el personal de oficinas planeaba recomenzar a trabajar el martes y se contrataron algunos obreros extras para asegurarse de que se cumplan los requisitos básicos para poder desarrollar las reuniones del fin de semana. Cada semana, alrededor de 200 personas asisten a las reuniones de la iglesia, que es una de las cuatro congregaciones adventistas en el país.


