En el segundo día del Concilio Anual de la División Sudasiática del Pacífico (DSAP), Paul Douglas, tesorero de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, pronunció un mensaje devocional que llevó a las mentes hacia la compasión y la misión unida.
Basándose en Juan 9, Douglas destacó el encuentro transformador entre Jesús y el hombre nacido ciego para recordar a la iglesia el llamado perdurable de Cristo a servir con amor y urgencia.
«Jesús no solo estaba presente, sino que ya existía», comenzó, haciendo referencia a Juan 1:1: «En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios». Recordó a los delegados que el Salvador que caminó entre la humanidad era el mismo Dios eterno que habló y la luz existió. «El Jesús que vino después también estaba antes», añadió, enfatizando la constancia divina de la misión de Cristo desde la creación hasta la redención.
Compasión por encima de la crítica
Douglas instó a los líderes de la iglesia a abstenerse de etiquetar y categorizar a las personas en función de sus luchas o errores pasados.
«Tenemos que dejar de poner etiquetas a las personas», dijo. «Tenemos que dejar de caracterizar a los demás por lo que han pasado. Todos sufrimos por algo».
Hizo un llamado a un espíritu de compasión que eleve en lugar de condenar.
«Busquemos tener compasión en lugar de hablar de los demás», dijo.
«Animémonos unos a otros, en vez de dejar a alguien atrás».
Citando Testimonios para la iglesia, tomo 7, página 34, Douglas leyó: «¿Por qué quedó registrada la historia del trabajo realizado por los discípulos con celo piadoso, mientras el Espíritu Santo los animaba y vitalizaba, si no fue para que el pueblo del Señor se inspirara hoy en ese registro con el fin de trabajar fervientemente para él?».
Añadió que la obra de Dios sigue viéndose obstaculizada cuando su pueblo duda de su capacidad para utilizar a hombres y mujeres comunes. «La obra de Dios se ve retrasada por la condenable incredulidad en su poder para utilizar a la gente común para llevar adelante su obra con éxito», citó de la revista Review and Herald.
Integrados para la misión
Douglas subrayó la importancia de la unidad y el esfuerzo colectivo en la misión de la iglesia, citando Testimonios para la iglesia, tomo 9, página 177: «Si los cristianos obraran concertadamente, si avanzaran como un solo hombre, bajo la dirección de un Poder, para la realización de un objetivo, moverían el mundo».
Resumió su mensaje en tres puntos clave:
Tenemos una obra que hacer. «La obra no se hará en todas partes si no la hacen todos», dijo, llamando a todos los creyentes a participar en la misión del evangelio.
Tenemos la luz para hacer esta obra. «Jesús nos llamó la luz del mundo. Si Jesús está en ti y si Jesús está en mí, entonces tenemos la luz para hacer la obra, la luz que nos guiará en este camino cristiano».
No tenemos mucho tiempo para hacer esta obra. Citando Juan 9:4, «Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar», Douglas recordó a los oyentes la urgencia de la misión. «Hay trabajo por hacer. Hay luz para hacer el trabajo. Pero se acerca un tiempo en el que ya no habrá trabajo por hacer».
Enviados a personas como nosotros
Para concluir su mensaje, Douglas afirmó que la misión no está reservada a los educados o privilegiados.
«Dios ha enviado a todos (con o sin títulos) a aquellos que quieren trabajar bajo la bandera de la misión de Dios», concluyó. «Hemos sido enviados a personas como nosotros. Hemos sido enviados a pecadores como nosotros».
El artículo original se publicó en el sitio de noticias de la División Sudasiática del Pacífico.






