Yaily Valdés nunca imaginó que su vida daría un giro radical. Tras recibir capacitación como abogada y dedicarse posteriormente al ministerio de la comunicación y los medios de comunicación, ahora trabaja en la Sociedad Bíblica Cubana, donde colabora en la traducción de la Biblia a la lengua de signos cubana.
«No conocía a ninguna persona sorda. No tenía ningún vínculo con este mundo», afirma Valdés. «Y hoy en día, no puedo imaginar ni un solo día sin ellos».
Lo que comenzó como un encuentro inesperado se ha convertido en la vocación de su vida.
Un comienzo inesperado
El camino de Valdés hacia el ministerio con personas sordas no comenzó con un plan, sino con una conversación.
Mientras visitaba la biblioteca de la Sociedad Bíblica para estudiar, conoció a miembros del equipo de traducción y les ofreció orientación legal sobre un proyecto en el que estaban trabajando.
«Simplemente los ayudé como profesional, como alguien que conocía la Biblia», dijo.
Ese momento condujo a algo más grande. Poco después, la invitaron a unirse al equipo.
«Al principio me sentí extraña», admitió. «Vengo del mundo de la comunicación, de los medios de comunicación, pero Dios me trajo aquí».
Lo que comenzó como una experiencia desconocida pronto se convirtió en una vocación, a medida que aprendía la lengua de signos y se involucraba profundamente en el servicio a la comunidad sorda.
«Ha sido un tiempo de preparación y estudio profundo», reflexionó, «aprendiendo junto a un grupo que durante muchos años ha sido marginado y a menudo invisible».
Hoy en día, se desempeña como asistente y coordinadora general del proyecto de traducción de la Biblia a la lengua de signos, una iniciativa a largo plazo que se lleva a cabo en Cuba desde hace más de 14 años.
Traducir la Biblia a una lengua visual
El trabajo es complejo y profundamente intencional, explicó. A diferencia de las traducciones escritas, la Biblia en lengua de signos se produce íntegramente en formato de video.
“Estudiamos el texto y luego lo expresamos en señas”, explicó Valdés. “No se trata solo de traducir palabras, sino de traducir el significado”.
Dado que muchas personas sordas en Cuba tienen un acceso limitado al español en toda su profundidad, la traducción requiere ampliar conceptos que el público oyente a menudo da por sentados.
«Para una persona oyente, si digo “Jesús vino”, entiende todo: su nacimiento, su vida, su muerte», dijo. «Pero para una persona sorda, tengo que explicar cada parte de esa historia».
Cada segmento de video está cuidadosamente elaborado, a menudo de solo unos minutos de duración, para garantizar la claridad y la comprensión. El Evangelio de Lucas ya se ha completado, y consta de más de 100 segmentos de video que ahora se utilizan en las iglesias y se comparten a través de plataformas digitales.
El equipo de traducción, compuesto por dos miembros oyentes y cuatro participantes sordos, trabaja en colaboración para garantizar que el mensaje sea teológicamente preciso y culturalmente significativo.
Una misión más allá de la traducción
Para Valdés, miembro de la Iglesia Adventista de Playa en La Habana, el proyecto va más allá del lenguaje: se trata del acceso a la salvación.
“Mi pasión es llevar la Biblia y su mensaje de salvación a la comunidad sorda de Cuba”, dijo.
La necesidad es significativa. De las más de 57.000 personas sordas que hay en Cuba, solo un pequeño porcentaje se identifica como cristiano.
“Necesitan conocer a Jesús”, dijo simplemente.
Pero el acceso sigue siendo un desafío.
Muchas iglesias aún no están equipadas para atender eficazmente a las personas sordas.
«¿Qué sentido tiene invitarlos si nadie puede interpretar?», preguntó.
Para abordar esto, Valdez ha estado realizando capacitación activa para los miembros de la iglesia y para los futuros pastores, ayudándolos a comprender tanto la necesidad como la oportunidad.
«No solo estamos creando conciencia, estamos desarrollando sensibilidad», explicó.
«Lamentablemente, el ministerio para las personas sordas dentro de la iglesia sigue siendo muy limitado», añadió, señalando los esfuerzos en curso para fomentar y desarrollar la labor a nivel local.
Convertirse en un puente
Valdés describe su papel no como el de una traductora, sino como el de un puente.
«Me di cuenta de algo que nunca antes había entendido: que cuando la Biblia dice “toda tribu, lengua y nación”, los incluye a ellos», dijo.
«Dios les habla. Ellos le oran en lengua de signos. Y yo soy solo un puente».
Mediante su trabajo, colabora estrechamente con los miembros sordos del equipo, ayudando en la exégesis bíblica, el contexto histórico y la precisión teológica, al tiempo que se asegura de que el mensaje se comunique fielmente.
«Ellos son mis maestros», dijo.
A pesar de provenir de diferentes trasfondos denominacionales, el equipo se ha unido por medio de un amor compartido por Jesús y su evangelio, formando lo que ella describe como una familia espiritual, explicó Valdés.
Una vida transformada
Lo que comenzó como una oportunidad profesional ha transformado todos los aspectos de su vida.
«Esto ha cambiado mi vida y la de mi familia», dijo.
Ahora pasa gran parte de su tiempo con la comunidad sorda, viajando, aprendiendo y sirviendo junto a ellos. Incluso su hijo pequeño ha comenzado a aprender la lengua de signos.
«Me llaman su voz», dijo. «Dicen: “Nosotros no hablamos, pero tú sí. Y tú entiendes nuestras necesidades”».
Un sueño para la Iglesia Adventista
La visión de Valdés va más allá de la traducción.
«Sueño con ver a personas sordas bautizadas en iglesias adventistas en Cuba», dijo.
Señala regiones como Guantánamo y Holguín, donde grandes poblaciones de personas sordas siguen sin ser alcanzadas en su mayoría.
«Sé que la iglesia puede llegar a ellos», dijo.
A pesar de los desafíos, como la escasa concienciación y la necesidad de una mayor implicación, ve avances. «En los últimos meses, estamos viendo corazones más receptivos», dijo.
Llamada para un propósito
Mirando hacia atrás, Valdés reconoce que este viaje nunca fue accidental.
«Nací para esto», dijo.
Su historia es un recordatorio de que la misión a menudo comienza en lugares inesperados y crece a través de la disposición a responder.
«Dios te coloca donde él te equipará», dijo. «Esto no es solo emoción. Es compromiso».
Y para Valdés, ese compromiso continúa, un signo, una conversación y una vida a la vez.
El artículo original se publicó en el sitio de noticias de la División Interamericana.












