No todas las trayectorias profesionales se forjan en oficinas o estudios de producción. Algunas se desarrollan por medio de culturas, idiomas y creencias, a menudo en entornos complejos y exigentes. Tal es el caso de Javier Guichard, graduado del programa de Comunicación de la Universidad de Montemorelos, que ahora vive y trabaja en el Líbano.
A miles de kilómetros de casa, su cámara no solo documenta la vida universitaria en la Universidad de Oriente Medio, sino que también captura historias de fe, resiliencia y propósito en una región donde comunicar esperanza requiere sensibilidad, creatividad y convicción.
El deseo de servir había ido creciendo en él durante años. Desde el instituto, Guichard sintió el llamado a ser voluntario en el extranjero, aunque durante sus años universitarios decidió esperar. Tras graduarse, ese llamado resurgió. La confirmación llegó de forma inesperada durante su participación en el Congreso de la Asociación General de 2025 de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, donde presentó su proyecto audiovisual independiente, Asno Parlante, desarrollado junto a su hermano gemelo David.
Entre pasillos, conversaciones y encuentros aparentemente casuales, algo cambió. Ver el trabajo de instituciones de todo el mundo despertó en él el deseo de formar parte de ese movimiento global de servicio. Lo que comenzó como un intercambio de contactos se convirtió rápidamente (en cuestión de días) en una invitación concreta para servir en la Universidad de Oriente Medio en Beirut. Sin tener todos los detalles claros, tomó una decisión basada en la fe: ir adonde se abriera la primera puerta.
Hoy, Guichard trabaja en el departamento de marketing de la universidad como fotógrafo y videógrafo. Su función consiste en capturar la esencia de la vida en el campus (desde las clases y las actividades estudiantiles hasta el contenido promocional que refleja la identidad de una institución adventista en un contexto profundamente diverso). Pero comunicarse en Oriente Medio implica mucho más que habilidades técnicas.
En un entorno donde la mayoría de los estudiantes no son adventistas (y muchos ni siquiera son cristianos), cada imagen y cada vídeo requieren un enfoque reflexivo. Guichard ha tenido que replantearse su forma de comunicarse, dejando de lado el estilo directo al que estaba acostumbrado y aprendiendo a conectar con el contexto cultural de quienes le rodean.
Ha descubierto que, en este entorno, el mensaje no siempre se expresa de forma explícita, sino que se construye, se sugiere y se vive.
Su trabajo va más allá del ámbito institucional. Fuera de sus responsabilidades profesionales, participa en actividades con la iglesia de la universidad, colaborando en iniciativas comunitarias en contextos donde no es posible el proselitismo abierto. Esto le ha llevado a encontrar nuevas formas de compartir su fe.
Curiosamente, uno de los impactos más significativos que ha tenido no ha sido por medio de su trabajo profesional, sino en los espacios cotidianos. En las canchas de voleibol de la universidad, Guichard ha establecido relaciones con estudiantes de diversos orígenes, fomentando un ambiente de respeto, inclusión y trabajo en equipo. Lo que comenzó como un simple juego se ha convertido en una oportunidad para influir positivamente en la cultura entre los jóvenes.
Vivir en el Líbano también ha traído consigo desafíos que van más allá de la esfera profesional. En un contexto marcado por la tensión y el conflicto (donde a veces se oyen explosiones y la vida cotidiana es un recordatorio constante de la fragilidad de la vida), su experiencia ha adquirido una dimensión espiritual más profunda.
Lejos de su familia y de todo lo que le resulta familiar, ha aprendido a confiar en Dios de una manera personal, real y constante. Su fe ha pasado de ser algo heredado a algo profundamente suyo.
En este proceso, la capacitación que recibió en la Universidad de Montemorelos ha sido clave. Las habilidades técnicas que desarrolló le han permitido asumir un papel integral en la producción audiovisual, llevando a cabo proyectos desde la concepción hasta la ejecución. Más allá de la preparación técnica, reconoce que los valores que aprendió (la pasión por el servicio y una visión para la iniciativa) son los que dan sentido a su trabajo hoy en día.
La historia de Guichard sigue desarrollándose en Beirut. Su impacto, como él mismo reconoce, apenas está comenzando.
El artículo original se publicó en el sitio de noticias de la División Interamericana.





