La sandía, una de las frutas más cultivadas en Roraima, Brasil, adquirió un propósito aún mayor durante la Misión Caleb, un proyecto en el que los jóvenes dedican sus vacaciones a la evangelización y al servicio comunitario. Conocida por la calidad de su producción en el estado y favorecida por el clima, la sandía se ha convertido en un instrumento para fortalecer la predicación del evangelio.
La iniciativa surgió del agricultor Reginaldo Rocha, miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día de Vicinal 10, Nova Colina, Roraima. Mientras cosechaba, se le ocurrió la idea de donar toda su producción de sandías para apoyar financieramente las actividades del proyecto.
«Una mañana, estaba allí recogiendo las sandías en el campo, y se me ocurrió una idea. Decidí compartir con el pastor que estaba hablando de la Misión Caleb y de la necesidad de recursos para la predicación del evangelio, y él aceptó la idea, como un buen guerrero», afirmó.
Rocha necesitaba voluntarios para llevar a cabo la cosecha. Tan pronto como recibió la llamada, Edeilson Braz, pastor de la iglesia local, movilizó a los jóvenes de la iglesia para que respondieran al llamado. «Me dijo: “Pastor, quiero donar todas las sandías para la misión. Solo necesito ayuda para cosecharlas”. Al mismo tiempo, hice algunas llamadas. Reunimos a los jóvenes y pasamos todo el día en la propiedad cosechando», comentó.
Visita de los voluntarios durante la tarde.
Foto: División Sudamericana
João, el hijo de Reginaldo, se convirtió en un «Caleb».
Foto: División Sudamericana
Entrega de snacks durante las noches de evangelización.
Foto: División Sudamericana
Reuniones y visitas con el equipo de Calebs.
Foto: División Sudamericana
En total, se cosecharon aproximadamente 790 sandías. Además de la donación de la producción, el señor Rocha también ofreció el transporte gratuito de las frutas hasta Nova Colina, recorriendo aproximadamente 49 kilómetros (30,5 millas). A partir del viernes siguiente, se inició un gran esfuerzo para vender las sandías, destinando todas las ganancias al proyecto misionero.
Durante 30 días, nueve misioneros se dedicaron por completo a las actividades evangelísticas en la región, llevando a cabo estudios bíblicos, realizando visitas misioneras, participando en servicios comunitarios y dirigiendo programas evangelísticos.
«Uno de los voluntarios que dejó su hogar y su zona de confort para servir en la misión fue precisamente el hijo del hermano Reginaldo», señaló Braz. João, el hijo de Rocha, decidió unirse al equipo de la Misión Caleb como voluntario.
Como resultado de esta labor, 63 personas decidieron bautizarse.
El artículo original se publicó en el sitio de noticias en portugués de la División Sudamericana.







