Más de 500 jóvenes se desplegaron por las comunidades de la provincia panameña de Chiriquí, convirtiendo la fe en acción a través del Proyecto Identidad Jabez 2026, una iniciativa misionera juvenil de la Iglesia Adventista del Séptimo Día que cada año involucra a los participantes en actividades de evangelización, grupos pequeños, estudios bíblicos y servicio comunitario.
Durante cinco semanas, del 9 de enero al 14 de febrero de 2026, sus esfuerzos ayudaron a establecer 10 nuevas congregaciones, construir 6 iglesias y dar lugar a 190 bautismos, al tiempo que se pusieron en marcha 169 estudios bíblicos continuos en toda la región.
Los participantes prestaron servicio en 20 lugares de misión a lo largo de la Asociación Panameña Occidental, combinando evangelización, servicio comunitario y discipulado.
Organizada por la Unión Panameña durante los últimos nueve años, la iniciativa sigue involucrando a los jóvenes en la misión al tiempo que aborda las necesidades tanto espirituales como sociales de las comunidades locales, según afirmaron los líderes de la iglesia.
La evangelización produce resultados tangibles
Los jóvenes participantes llevaron a cabo estudios bíblicos diarios, visitas a domicilio y reuniones evangelísticas, ofreciendo apoyo espiritual que brindó consuelo y esperanza a muchas familias, según indicaron los líderes de la iglesia.
Naydelin González, una joven voluntaria que sirvió como capitana de grupo en San Lorenzo, describió la experiencia como desafiante y transformadora.
«Fue un gran desafío participar este año y ver la realidad a la que se enfrentan muchas personas», dijo. «Nos encontramos con personas que han pasado por situaciones muy difíciles, incluyendo el abuso y el abandono. Esto me ayudó a comprender cuánto necesita la gente tanto apoyo material como espiritual: la gente necesita esperanza, compañía y alguien dispuesto a escuchar».
A pesar de las largas jornadas que a menudo comenzaban a las 8:00 y terminaban a altas horas de la noche, González dijo que el equipo se mantuvo motivado para seguir sirviendo.
«Dios nos sostuvo, nos protegió y nos dio fuerzas», dijo. «Él abrió las puertas de muchos hogares y cuidó de nosotros durante todo el proyecto».
Solo su grupo ayudó a establecer docenas de estudios bíblicos continuos y atrajo entre 80 y 100 asistentes cada noche durante la campaña evangelística. Ella recordó uno de los momentos más significativos:
«Ver a 41 personas decidir bautizarse y entregar sus vidas a Cristo fue una de las experiencias más hermosas».
Una vida transformada al servicio de los demás
Entre las personas impactadas por la iniciativa se encuentra Carlos Bravo, de 65 años, de Los Guayacanes en La Chorrera, cuya vida se transformó gracias al proyecto.
Antes de encontrar a Dios, Bravo dijo que atravesaba uno de los períodos más difíciles de su vida, llegando incluso a contemplar el suicidio. En ese momento de crisis, oró pidiendo ayuda, y poco después, un grupo del Proyecto Identidad Jabez visitó su hogar.
Lo que inicialmente pensó en rechazar se convirtió en el comienzo de un nuevo capítulo. A través de la amistad, la comunión cristiana y el estudio de la Biblia, experimentó una profunda transformación.
Un año después, sintió el llamado a unirse al mismo esfuerzo misionero que le había ayudado a recuperarse.
«Comprendí que Dios ya me había elegido incluso antes de que la idea se me pasara por la cabeza», dijo Bravo. «Quería ser para los demás lo que esos jóvenes fueron para mí, un recordatorio de que Dios sigue buscando a sus hijos».
Asignado a Doleguita, en Chiriquí, Bravo participó en intensas actividades de evangelización, siendo testigo de primera mano de cómo Dios abría puertas y guiaba su labor. A pesar de los desafíos, entre ellos el rechazo e incluso un pequeño accidente, dijo que vio claramente la protección de Dios.
Compartir su testimonio se convirtió en una de sus herramientas más eficaces.
«Cuando la gente escuchaba mi historia, se daba cuenta de que Dios también podía hacer algo por ellos», dijo.
Hoy, Bravo vive con un propósito renovado como mensajero de esperanza.
El servicio refuerza el impacto local
Además de la evangelización, la iniciativa también incluyó ferias de salud, la distribución de paquetes de alimentos y ayuda humanitaria, donaciones de ropa a familias necesitadas, la limpieza de calles y espacios públicos, así como apoyo para la mejora de viviendas y el saneamiento.
Hesleiny Pérez, otra joven participante, describió la experiencia como algo que le cambió la vida.
«Es algo que nadie puede explicar del todo, hay que vivirlo», dijo. «El impacto no es solo en quienes reciben el mensaje, sino también en quienes servimos».
Recordó la gratitud de los miembros de la comunidad, que se sintieron animados por la presencia de jóvenes comprometidos con compartir el amor de Dios.
Clausura con una visión de futuro
El programa concluyó con informes y testimonios de cada grupo, en los que se destacó el impacto espiritual de su labor en toda la región.
José Smith, presidente de la Unión Panameña, animó a los participantes a seguir viviendo una vida de misión y servicio.
«Los jóvenes deben estar comprometidos con Dios e involucrados en la misión», dijo, expresando su esperanza de que aún más jóvenes participen en los esfuerzos de evangelización en todo Panamá.
Moisés González, director del Ministerio Joven de la Unión Panameña, señaló que muchos jóvenes se unieron a la iniciativa por primera vez, calificándola tanto de desafío como de oportunidad para conectar con los jóvenes y retenerlos durante sus años de formación.
El evento concluyó con un bautismo y el anuncio del próximo campo misionero en la ciudad de Panamá, donde se espera que el Proyecto Identidad Jabez 2027 movilice a una nueva generación de jóvenes. Los líderes de la iglesia expresaron su oración para que los participantes continúen viviendo como misioneros, renovados y transformados.
El artículo original se publicó en el sitio de noticias de la División Interamericana.












