Desde mediados del siglo XIX, la Adventist Review ha sido la voz publicada de cada Congreso de la Asociación General (AG). Lo que comenzó como un boletín producido con métodos tradicionales se ha transformado en una operación editorial ágil, precisa y esencial para mantener informada a la iglesia mundial.
En el Congreso de la AG de 2025, el equipo enfrenta el desafío de entregar un boletín impreso de 48 páginas antes de las 7 de la mañana de cada día.
La jornada laboral del equipo comienza antes del amanecer y termina cuando todo el contenido está diseñado, editado y cargado para su impresión por la noche. Una imprenta local, contratada para este Congreso, se hace cargo y trabaja durante toda la noche para garantizar que los boletines estén listos a primera hora del día siguiente.
Una tradición en evolución
En las primeras décadas del siglo XX, los editores de la revista dictaban sus artículos por teléfono. Luego, los números se enviaban por avión al lugar donde se celebraba el Congreso. Años más tarde, se adoptó el modelo de impresión fuera de las instalaciones, que consistía en enviar archivos digitales a imprentas externas. En 2022, se implementó por primera vez un modelo híbrido, que combinaba la distribución digital con la entrega impresa.
En 2025, todo el proceso se lleva a cabo in situ: edición, diseño, cierre e impresión.
«Tenemos dos cierres al día, al mediodía y a las 6 de la tarde. Cada boletín se divide en bloques de páginas que deben estar listos a esas horas para enviarse a imprenta», explica Merle Poirier, directora de operaciones de Adventist Review. «La presión es constante».
Poirier tiene una gran experiencia, ya que este es su quintoi congreso general.
«Estamos en una sala sin ventanas, siguiendo todo desde una pantalla. No vivimos el Congreso como el resto, pero hay un espíritu cristiano y una colaboración que lo hacen especial».
Reloj editorial
La jornada editorial comienza alrededor de las 6 de la mañana y continúa hasta que se termina el boletín informativo del día. Cada artículo debe estar listo para maquetarse alrededor de las 2 de la tarde, lo que requiere un flujo de trabajo rápido: edición, revisión, diseño, corrección y carga final.
«Es lo que normalmente haríamos en un mes, concentrado en un solo día», dijo Sikhu Daco, editora asociada de la revista. «Todo se mueve muy rápido: hay que pensar rápido, editar rápido, revisar rápido».
A esto se suma el ingrediente inevitable de la imprevisibilidad. Las decisiones de la Comisión de Nombramientos del Congreso o las medidas votadas en la sesión plenaria pueden cambiar el contenido del boletín en cuestión de minutos.
«Hay que planificar lo inesperado. Eso es lo más desafiante... y también lo más emocionante», añade Daco.
Liderazgo y propósito editorial
Para Justin Kim, editor jefe de Adventist Review, dirigir la producción diaria del boletín significa asumir la responsabilidad de un legado que se ha mantenido durante más de 175 años.
«Es un privilegio estar al frente de una tradición que ha servido a la iglesia durante tanto tiempo. Aunque utilizamos nuevas técnicas y plataformas, seguimos cumpliendo la misma misión: comunicarnos con los adventistas de todo el mundo».
La visión editorial de Kim no se limita al presente. Él reconoce el valor histórico de cada número: «El boletín diario es el registro oficial de lo que realmente sucede durante el Congreso: los asuntos administrativos, las decisiones, pero también la experiencia de los miembros. Es una fuente que, dentro de cinco, diez o quince años, será útil para quienes investiguen o estudien este momento de la historia de la iglesia».
Para Enno Müller, director de Comunicaciones y editor de noticias, cubrir el Congreso cada día implica tres objetivos fundamentales: «En primer lugar, informar acerca de lo que realmente está sucediendo, tanto para los que están aquí como para los que lo siguen desde casa. En segundo lugar, crear un registro histórico que se archivará oficialmente en los registros de la iglesia. Y en tercer lugar, mostrar la belleza de nuestra iglesia global, involucrando a aquellos que no pueden estar presentes para que también se sientan parte de este evento».
Müller destaca que este trabajo no solo informa de los hechos, sino que también conecta con el propósito más amplio de la comunicación adventista: «Se trata de contar historias que inspiren. Queremos ayudar a las personas a crecer espiritualmente, a sentirse parte de una comunidad y a descubrir ideas que puedan aplicar en sus propios contextos locales».
Este liderazgo cercano y centrado permite al equipo cumplir su misión, incluso sin estar presente en la sala plenaria. «Hay camaradería, apoyo mutuo y un sentido de propósito que lo sustenta todo», dice Poirier.
Entre el papel y las pantallas
Además del boletín impreso, el equipo de Adventist Review publica contenido exclusivo en línea y mantiene una presencia activa en las redes sociales.
«Hoy en día, hay más contenido en línea que en formato impreso. Ahí es donde está la gente y donde recibe la información al instante», dijo Jonathan Walter, jefe de contenido digital.
La rapidez nunca es más importante que la precisión. «Todo lo que publicamos pasa por un proceso de verificación. Incluso si la información llega antes de ser oficial, esperamos que pase por el proceso debido», dice Walter. «Nuestro compromiso es con la precisión, porque somos el registro histórico del Congreso. Al final, lo que importa es contarlo bien».
Para Poirier, el propósito va más allá de la fecha límite editorial. «No se trata solo de entregar. Se trata de construir un legado: dejar un recuerdo vivo, dar voz a la iglesia en movimiento y fortalecer la conexión entre sus miembros en todo el mundo».
Cada mañana, miles de delegados reciben un boletín impreso que no solo informa, sino que también conecta generaciones. La portada, los artículos, las fotos y los detalles gráficos son el fruto de largas horas de trabajo concentrado, oración compartida y sentido de la misión.
«No cumplir con una fecha límite no es divertido», admitió Poirier. «Pero cada día es una nueva oportunidad. Como en la historia de Nehemías, todos colaboramos, oramos y seguimos adelante. Dios hace posible lo que humanamente parece imposible».
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